viernes, 1 de julio de 2016

Música con Z.


Toni Zenet

No me preguntes cómo sucedió. Sólo recuerdo que estaba sentada entre el público y de repente me vi en medio del escenario bailando como si no hubiera hecho otra cosa en toda mi vida con tal de llegar hasta aquella voz que me atraía como un imán. De vez en cuando, una especie de bailarín intentaba arrebatarme protagonismo. Yo me escurría como una anguila desesperada por morder el anzuelo. Sentía que aquella atracción me arrancaba el alma succionando lo mejor que habitaba en mi. Cada vez que lograba acercarme a aquel imán perfecto, el tipo  me estiraba de un brazo y vuelta a empezar. No sabía si su misión consistía en devolverme a la realidad o pretendía alejarme de la caída inminente en la tentación. Fuera por lo que fuera, estaba equivocado: mi deseo no tenía forma ni pretensión concreta. El desvarío estaba provocado por un silenciado beso (<i>de esos que valen por toda la química de la farmacia</i>) dormido en un rincón de mi cabeza, que inútilmente intentaba despertar seducido por aquellas melodías envolventes. La alucinación duró hora y media. Los aplausos sonaron hasta romperse las manos y la que despertó fui yo. Las luces se encendieron. El trombón, la trompeta, la guitarra española y la voz que me había trastornado saludaban a los asistentes al concierto. En la butaca número seis de la fila diecisiete procedí a guardar la cámara en el bolso con la sensación de que se animaba mi segundo chacra, mientras el resto del mundo se ponía de pie.








lunes, 27 de junio de 2016

27-J.



La reflexión original de Albert Einstein dice así:

"La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo."


martes, 21 de junio de 2016

viernes, 10 de junio de 2016

¿Que cuántos años tengo?


Que el fin del mundo me pille bailando.
J. Sabina



¿Que cuántos años tengo?
-Qué importa eso.

¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso,
hacer lo que deseo sin miedo al fracaso o lo desconocido...
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viej@
otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo,
ni lo que la gente dice
sino lo que mi corazón siente
y mi cerebro me dicte.
Tengo los años necesarios
para gritar los que pienso,
para hacer lo que quiero,
para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!
¡Estás muy viej@, ya no podrás!

Tengo la edad en que las cosas
se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que ¿los sueños
se empiezan a acariciar con los dedos?,
las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces,
es una loca llamarada
ansiosa de consumirse en el fuego
de una pasión deseada
y otras es un remanso de paz
como el atardecer en la playa.

¿Que cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé
al ver mis ilusiones truncadas...
¡Valen mucho más que eso!

Qué importa si cumplo cincuenta,
sesenta o más, pues lo que importa es
la verdad que siento.

Tengo los años que necesito
para vivir libre y sin miedos.


José Saramago


jueves, 2 de junio de 2016

El lifting del portugués.


Quien hace lo que puede no está obligado a más.
(refrán de toda la vida)



Bueno, pues este es el resultado de la intervención realizada al deteriorado Antonio. Como es habitual en mi, no estoy satisfecha del resultado porque me he dado cuenta, a posteriori, de algunos fallos que podría haber evitado de una manera muy sencilla y que ya no tienen remedio, pero también es verdad que las imperfecciones forman parte del viaje de crecimiento que es la vida y en este caso quedarían reflejadas como cicatrices de mi propia existencia. Cuando lo miro, me recuerda demasiado a un ninot de falla y tengo que contemplarlo durante unos minutos, con un poco de perspectiva y un mucho de subjetividad, para ver claramente la voluntad, el tiempo y el interés que he puesto trabajando para evitar precisamente ese pensamiento. Mi intención final era envejecerlo para restituir la dignidad perdida, mas una mini encuesta dio la mayoría a un no rotundo, invitándome a dejar las pinceladas dentro del tubo. Al menos, ya puede respirar  y disfrutar de la calma que proporciona una perfecta unión entre cuerpo y mente, que eran su mayor problema y la expresión de su mirada me parece más... paternal. Unos cuanto meses de reposo en el rincón del altar donde estaba situado, las partículas en suspensión y la humedad relativa le devolverán el aspecto divino que se merece.

Descarté modernizarlo, como alguien sugirió en los comentarios el día de su presentación en sociedad, porque las gentes de la aldea son muy conservadoras y ya tendré bastante con lo que tenga que (no) oír cuando lo devuelva a la parroquia.

Sin embargo, me consuela el hecho de que viéndolo en persona es más auténtico que en la fotografía.   Le debe pasar lo que a mi, que carece de fotogenia. Quizá, -pienso, el ojo humano sea más sensible que la lente de un moderno objetivo digital.


Foto montaje gentileza de Alphonse Zheimer