domingo, 21 de septiembre de 2014

Naturaleza salvaje.



La cita era a cualquier hora en la explanada lateral de una gasolinera, ese coto tierradenadie con espíritu de servicio  público. Cada uno por su lado, con su particular interés, se sentía entusiasmado. Lo deduje en cuanto aparecieron los coches a una velocidad excesiva. Provenientes de puntos opuestos, ejecutaron una danza en círculo hasta frenar en seco uno frente al otro como dos búfalos a punto de embestir defendiendo un hipotético territorio. Con los motores aún en marcha, ambos conductores se apearon de los vehículos para correr a estrellarse el uno contra el otro, estrechándose en un abrazo que no había visto ni en película. Se comieron el cuello, la cara y los labios y después de clavarse las lenguas  en una sola boca se distanciaron lo suficiente para tomar aliento y repetir. Aunque todo sucedió muy rápido a mi debió parecerme una eternidad, pues, cuando me di cuenta, los  bólidos estaban aparcados y ellos cruzaban, sin mirar, la comarcal en  dirección a la posada, amarrados por los hombros y la cintura, como valientes héroes atravesando la existencia sin temor a las estaciones. Elucubré sobre la asiduidad de los encuentros... apostando que, además de desearse, también se amaban.

- Señora, ¿se encuentra bien? -me preguntó el mozo de la gasolinera, mientras le observaba restituir la manguera a su habitáculo.
- Sí, sí... - respondí sin despegar la mirada del surtidor. Estaba pensando si el café de colombia lleva algo más que cafeína.
- ¿Espera a alguien? - replicó alucinado, molesto por la cola que estaba formando.
- Sí, el Otoño...


7 comentarios:

Esmeralda dijo...

Bonito particular relato de bienvenida ...la verdad que no esperaba ese final ...
el Otoño estará encantado cuando te encuentre.

Una foto preciosa

tD+++++b

José Núñez de Cela dijo...

Muy Bueno!

La pasión siempre nos llama la atención.

Que tengas un buen otoño!

karras dijo...

Cuantas ganas tenía de que volvieseis tanto tu como el otoño.
Ambos sois tan necesarios en mi devenir diario como esas rojizas hojas de las hayas que terminan escritas en la libreta de los poetas.
Besotes de mucha alegría.

Piruja dijo...

Hola volvo, has venido muy fuerte:), me ha gustado el relato y sobre todo el final, pensando en el café? jeje, ya no tienes que esperar mas, tu cita por suerte para muchos de nosotros ya esta aquí, espero que lo disfrutes mucho.
Se te ha echado mucho de menos:)

Besos.

Entre palmeras... dijo...

Que colisión tan desenfrenada y maravillosa...

No dejes de tomar ese café,jejeje, el otoño te abraza.

Abrazos muchos y que lindo verte

Sergio DS dijo...

Espero que el percance sólo haya quedado en ésto.

Un abrazo, cuídate.

ñOCO Le bOLO dijo...


Te diría, y no te rías, que espero con ansia la llegada del otoño. Todos los días llamo por teléfono para preguntar si ha llegado. Me dicen que aproximadamente será en dos semanas.
Seguiré llamando cada día, por si decide adelantarse.
Y no te rías. es cierto.

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