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9.12.12

La figura.


Los dedos deberían acariciar con suavidad, apenas el roce de los extremos, como de puntillas, sin brusquedades, las muñecas flexibles, las palmas ahuecadas: transformar entonces esa caricia, imperceptiblemente, en cuatro breves toques; al repetir, con ligereza, jugar sobre el mismo punto, cosquilleando casi, hasta terminar en el remanso de blanca. La otra mano, la izquierda, apenas se mueve: palpa y traza círculos sobre la superficie en un lentísimo masaje, casi levitando, como si quisiera percibir el calor de una piel sin llegar a tocarla o distinguir las palabras recibiendo en los dedos el aliento que las produce. Esa mano no debe variar, forma el dulce tejido que envuelve el cuerpo, crea la figura. La figura.

...

Título: Silencio de Blanca.
Autor: José Carlos Somoza

5.12.12

Nocturnos.


[...]

    Todos caemos, pero mi abismo es particularmente solitario. Apenas conozco seres: conozco hermosas postales. Me he dedicado demasiado a cultivar esos momentos que otros guardan en el recuerdo: me empalago de situaciones inolvidables. A mi alrededor han tomado forma, excesiva forma, esas ideas que los poetas dejan de un lado cuando finaliza la inspiración para dedicarse al vivir diario. Pero llega un momento en el que la poesía es inútil y la música no puede llenar todas las necesidades: entonces es preciso hallar sentimientos para aliviar la soledad.

    He descubierto algo: no amo. Sin embargo, esta falta de un amor no es una negación -ojalá lo fuera- sino una afirmación del vacío.

[...]

Título: Silencio de Blanca.
Autor: José Carlos Somoza


14.10.12

Remedios.


La sonrisa vertical fue un premio creado en 1977 por la editorial Tusquets para una colección de narrativa erótica que lleva el mismo nombre.
Hasta el año 2004,  el jurado del concurso estaba presidido por Luis García Berlanga, y el premio consistía en una escultura más un importe en metálico como anticipo de derechos de autor. Parece ser que ese año, la editorial decidió suspender el concurso de forma temporal, alegando la poca calidad de las obras presentadas. De hecho, el premio resultó desierto en 2002 y 2004, cosa que no había sucedido de manera tan consecutiva desde su creación (una fue en 1983 y la segunda en 1994).

Aprovechando que los ánimos por ahí afuera están que arden, reivindico el retorno de lo que debería ser parte del pan nuestro de cada día; atrapo al vuelo una llamita para darme el placer de desempolvar estas joyas de la literatura sensual, vitamina necesaria para la mente, indispensable alimento para el cuerpo sin necesidad de ampollas de filosofías ni de oración. Empezaré consumiendo El pecador impecable, de Manuel Hidalgo, que no fue un libro ganador, pero su historia ingeniosa y divertida, fuera de lo convencional, despertó vivamente mi interés en su día.

Abro el libro. En la primera página en blanco, una dedicatoria aún legible después de veinte años reza así: "Para Remedios, porque su vestido de pecadora sólo es un disfraz, pero un disfraz impecable"...


6.10.11

La elegancia del erizo.


...
...¿Cómo diría yo? Irradia inteligencia. Y sin embargo, bien que se esfuerza, ¿eh?, salta a la vista que hace cuanto está en su mano por que la gente piense que es una portera normal y corriente, y por parecer tonta perdida. Pero yo ya la he observado cuando hablaba [......], cuando mira a las señoras del edificio que pasan delante de ella sin saludarla siquiera. Ella tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes. [......]

He aquí pues mi idea profunda del día: es la primera vez que conozco a alguien que busca a la gente y ve más allá de las apariencias. Puede parecer trivial, pero yo creo sin embargo que es profundo. Nunca vemos más allá de nuestras certezas y, lo que es más grave todavía, hemos renunciado a conocer a la gente, nos limitamos a conocernos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes. Si nos diéramos cuenta, si tomáramos conciencia del hecho de que no hacemos sino mirarnos a nosotros mismos en el otro, que estamos solos en el desierto, enloqueceríamos. [.......]

Yo suplico al destino que me dé la oportunidad de ver más allá de mí misma y de conocer a la gente."
...

Muriel Barbery

(Un libro de lectura altamente recomendable.)