10.11.14

Luz otoñal.



Hay una leve luz caída
entre las hojas de la tarde.
Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,
para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta
en el perfil del aire.

J. Ángel Valente (1929-2000)


6.11.14

Una historia de objetivos.


(AF-S DX VR Zoom-Nikkor 55-200mm) ISO 200 f/5,6 1/640

No me gusta hablar de asuntos personales en público. Sin embargo opino que las reglas están para saltárselas sobre todo si tienes un guión que lo requiere. Allá voy. Quiero hablar de generosidad. Situémonos. La mayoría de los que leéis estas líneas habéis llegado hasta aquí de manera espontánea  y eso es muy halagador porque de alguna manera, no importa el motivo, cada uno decidió quedarse por aquí, entre mis fotos y mis letras. La fidelidad es la mejor recompensa que he obtenido porque ha conseguido que, a través del tiempo y de las palabras, germinase y se acrecentase la confianza hasta alcanzar el grado de complicidad. Y un día me di cuenta de que, sin decirnos apenas nada, sabemos si el que está al otro lado sonríe o  tiene el día ñoño porque le han perforado el alma. A partir de ahí dejamos de ser sólo uno más y cobramos vida a ambos lados de la ventana abierta a este mundo: un universo en el que observados desde arriba… ni se nos ve, ni se nos espera. En este punto, es justo que abra un paréntesis para quienes me acompañáis desde el pasado remoto para decir, con el corazón en la mano, que he recibido de vosotros mucho más de lo que os he dado, pues mi objetivo no era llegar a algún sitio sino dar rienda suelta a mis alucinaciones sin jueces ni censura, y aún así sois extraordinarios  cómplices de mis desvaríos. A todos, mil trescientas gracias por lo menos. Sí, también me puedo equivocar. Pero no es la historia de hoy. Hoy es la historia de un desconocido que, un buen día, apareció en otra de mis vidas, en mi primera vida para ser exactos. Se dejó llevar por su naturalidad, aprendió rápido a leer entre líneas, se acomodó en esta jaima nómada y se quedó. Han pasado unos años.

Hace unos días, ese yanodesconocido se puso en contacto conmigo. Decía que le sobraba un objetivo Nikon 55-200, que se le había quedado ¡¡pequeño!! y quería uno más grande. ¡Qué tío! Te lo dejo una temporada -insistió intentando convencerme. De acuerdo, repliqué, pero, si me lo quedo, le pones un precio porque yo ya tenía intención de comprarme uno. Cuando acusé recibo al paquete que me había enviado, me mandó un e-mail que decía "... Me alegra infinito que te guste y que te haya valido, amiga. Ahora hablaremos del importe que es: si tienes ocasión de hacer un favor a alguien que lo necesite o de dedicar una sonrisa a alguien triste hazlo porque ese es el precio…"

Cualquier cifra se quedaría corta mas, por poner un número, te doy mil setecientas gracias, Karras, por los mismos días de compañía más el regalo de volver a hacerme creer en el ser humano. Sobre todo por esto. Y te dedico esta primera foto salvaje hecha en el bosque de mi hogar, la terraza: un lugar abierto a cualquier tipo de bicho que esté dispuesto a trepar más de 50 metros para consumar un cruce de miradas diferentes.

No me gusta hablar públicamente de asuntos personales, pero aquí estamos en petit comité.


1.11.14

¡Hello, Wein !




La muerte es sólo la suerte, con una letra cambiada. (J. Sabina)


26.10.14

Cuerpo y mente.



Lo de la salud venía a cuento de una bronquitis que me provoqué sustituyendo mis ansias de libertad,  mi necesidad (temporal) de soledad, por el consumo de tabaco que quemo a diario. Este sería, a grosso modo, el diagnóstico de Thorwald Dethlefsen (licenciado en psicología) y de Rüdiger Dahlke (doctor en medicina y psicoterapeuta). Según sus investigaciones…. "No hay una diversidad de enfermedades curables, sino una sola enfermedad determinante del <<mal-estar>> del individuo". En su Libro La enfermedad como camino (Plaza&Janés, 315 páginas) analizan el significado de los quebrantos más habituales de la salud, con un lenguaje comprensible y continuas referencias y reflexiones de filósofos imprescindibles. Todos los síntomas tienen un sentido profundo para la vida de la persona: nos transmiten mensajes del ámbito espiritual, y de su adecuada interpretación dependerá nuestra capacidad de recuperación.

Así empieza el prólogo escrito por los autores:

"Este libro es incómodo porque arrebata al ser humano el recurso de utilizar la enfermedad a modo de coartada para rehuir problemas pendientes. Nos proponemos demostrar que el enfermo no es víctima inocente de errores de la naturaleza, sino su propio verdugo. Y con esto no nos referimos a la contaminación del medio ambiente, a los males de la civilización, a la vida insalubre ni a "villanos" similares, sino que pretendemos situar en primer plano el aspecto metafísico de la enfermedad. A esta luz, los síntomas se revelan como manifestaciones físicas de conflictos psíquicos y su mensaje puede descubrir el problema de cada paciente."

En el último capítulo formulan una pregunta que probablemente nos haríamos una vez llegados a ese punto:


- "Y ahora que ya sé todas estas cosas, ¿qué tengo que hacer para curarme? 
- ¡Abrir los ojos!" es la respuesta, según ellos.



NOTA: la palabras o frases en azul, en los textos, siempre son enlaces que complementan la entrada.


20.10.14

La mejor posesión: la salud.



Oiga, Doctor,
devuélvame mi depresión,
¿no ve que los amigos se apartan de mi?
dicen que no se puede consentir
esa sonrisa idiota.
…

Oiga, Doctor,
esta vez le falló la acupuntura,
¿acaso no le pago las facturas?
déjeme como estaba, por favor.

Oiga, Doctor,
a ver si tengo cura,
sólo quiero ser yo
y ahora parezco mi caricatura.

Oiga, Doctor,
devuélvame mi fracaso,
¿no ve que yo cantaba en la marginación?
devuélvame mi odio y mi pasión,
Doctor, hágame caso,
quiero volver
a ser aquel payaso
con alas en los pies.

Oiga, Doctor,
...


Texto: Joaquín Sabina, de la canción Oiga, Doctor.