He sido instigada, estimulada, inducida al deseo. Yo que presumo de voluntad y de cordura, sin embargo, no me he podido negar. Sentí una especie de flaqueza, de titubeo ante él, el deseo. ¡El mar es tan bravo! ¡El oleaje tan insistente!…y las algas ¡tan m a l e a b l e s!... Caeré en la tentación, como dijo Oscar Wilde, para librarme de ella, de la tentación.
28.10.09
25.10.09
Avellanas, nº 9.
Siento debilidad por las puertas y ventanas que tienen algo especial. Me hablan, me cuentan, me sugieren, me invitan...
En este caso, la boca es la mirilla y la nariz del personaje es el "llamador"; tiras de ella y golpeas varias veces para que vengan a abrir ... ésto sí que es "tocar las narices" ¿no? ... ¿quién habrá al otro lado? ... ¿me abriría?
En este caso, la boca es la mirilla y la nariz del personaje es el "llamador"; tiras de ella y golpeas varias veces para que vengan a abrir ... ésto sí que es "tocar las narices" ¿no? ... ¿quién habrá al otro lado? ... ¿me abriría?
23.10.09
20.10.09
Corazón de hielo.
Lo único que sabía de aquel ser subliminal, salido de la nada, era que viajaba sin rumbo fijo, inducido por intensos impulsos eléctricos que habían conseguido traspasar la pantalla del monitor formando una rosa púrpura perfecta y tridimensional, para asentarse en el mismísimo núcleo de sus células.
No entendía que una semilla tan germinada llegase a alcanzar tamaña dimensión en un hueco tan insignificante. Sin embargo, había sucedido.
Transcurridas setenta y dos horas desde la ocupación, reparó en su importancia cuando al vegetal, aparentemente inocuo, empezaron a brotarle hojas acorazonadas y, lo que era peor, le crecían espinas en el tallo.
Transcurridas setenta y dos horas desde la ocupación, reparó en su importancia cuando al vegetal, aparentemente inocuo, empezaron a brotarle hojas acorazonadas y, lo que era peor, le crecían espinas en el tallo.
No le importaban las hojas. Sabía que son efímeras, poco a poco se marchitarían y terminarían como abono. Le preocupaban más las espinas. Percibía que le iban a causar un dolor seco, sin heridas, que acabaría con la larguísima temporada de calma chicha.
A Sole se le habían d e r r e t i d o los días de verano, como un cubito de hielo sobre la hierba verde...
Una tarde, o una mañana quizás, actualizando el ordenador, saltó de la papelera un Post-it de color azul que decía:
"Sólo pretendía demostrarte que estás viva"
17.10.09
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