Ya no necesito del viento para ir de acá para allá. Tengo mis alas de colores, ¿recuerdas?, aquellas que se abrieron camino a través de los microscópicos poros de mi piel batallando con la marea de los recuerdos formados, principalmente, por la ausencia de tu voz, como un mar huérfano de espuma, sin sirena, ni estrellas, ni caballitos. No es que te haya olvidado, ¡ni hablar!... ¿cómo olvidar el aire respirado con una misma boca de dos cuerpos sin fronteras, contemplando el mismo atardecer en la misma senda?...
Ya voy de acá para allá, cabeceando aún, con el impulso de una peonza que el destino hubiese lanzado en la primera esquina, bailando a mi libre albedrío por las desconocidas calles de una ciudad en blanco y negro.
Ya voy de acá para allá, de allá para acá y a veces me atrevo, torpemente, a levantar el vuelo.
Ya voy de acá para allá, de allá para acá y a veces me atrevo, torpemente, a levantar el vuelo.



