8.6.11

Fábula.


Érase una vez un Ficus que vivía en la terraza muy alta muy alta de una ciudad pequeña pequeña enfermo de añoranza se le cayeron las hojas y se quedó en las ramas un día increiblemente apareció una Libélula que posándose delicadamente sobre la más seca le dijo tienes otra oportunidad debes mirar hacia arriba y tus raíces se encargarán del resto fíjate en mí hasta yo lo he conseguido es cuestión de voluntad de ponerle pasión empeño aunque suponga un esfuerzo en la primavera siguiente al esqueleto de madera le brotaron verdes y brillantes hojas punto y final

6.6.11

Bajamar.


Yo soy la huella. Tú eres la arena. 
Una ola vendrá y me borrará,
 y regresará tu soledad...
soleda,
soled,
sole,
sol,
so,
s,
,

Hasta que el azar te vuelva a herir...
Y vuelta a empezar.

Ella será la huella. Tú eres la arena. 
Una ola vendrá y la borrará,
 y regresará tu soledad...
soleda,
soled,
sole,
sol,
so,
s,
,

Hasta que el azar te vuelva a herir...
Y vuelta a empezar...


31.5.11

Canción de otoño en primavera.



Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
y le mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón,

poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!

Ruben Dario.



30.5.11

Unos llevan la fama...


... otros cardan la lana.


25.5.11

El arte de las malas artes.


No entiendo por qué me miras así. Adivino lo que estás pensando, pero no me siento culpable de que mi amante acuda a la cita sin intuir (o sí) que morirá entre mis brazos; yo no puedo evitar hacer lo que hago por la misma razón que él no puede eludir la atracción. Si lo piensas un poco, ocurre lo mismo con los toros; nada obliga a tan bravo animal a someterse al desplante del diestro, sin embargo, seducido por el abaniqueo del capote, se entrega voluntarioso a las malas artes de su embaucador, ignorando el  destino que le espera al final de la faena. Además, no sé por qué te extrañas tanto, también entre los humanos existen individuos sádicos y  masoquistas, y éstos sí que no tienen perdón, gozando, como presumen, del don de la razón.



Nota de la autora: tal vez conviene aclarar que los términos sádico y masoquista empleados en el texto no se refieren a una opción sexual (cada cual que disfrute a su manera); su sentido es meramente metafórico.