El cerebro es una máquina alucinante…
Domingo por la noche. El Sr. Punset entrevista a un neurocientífico que le revela la forma en que nuestro cerebro va tomando decisiones por nosotros, con tanta rapidez que ni nos enteramos...Concluye que, muchas de las que nos parece tomar a nivel consciente, nuestro inconsciente va por delante siempre.
Domingo por la noche. El Sr. Punset entrevista a un neurocientífico que le revela la forma en que nuestro cerebro va tomando decisiones por nosotros, con tanta rapidez que ni nos enteramos...Concluye que, muchas de las que nos parece tomar a nivel consciente, nuestro inconsciente va por delante siempre.
Mismo día. Diecisiete cuarenta y cinco. AP-7. Velocidad rutinaria de autopista. Una recta. Un tapacubos viene rodando por la derecha hacia el arcén. ¡Objeto fuera de lugar!, mi inconsciente trabaja a destajo. El coche que va delante de mí lo esquiva por la izquierda, cotilleando "a ver qué pasa", dejándome el espectáculo al desnudo: una peonza roja de unos mil doscientos kgs. zigzaguea dudosa unos segundos, recula inesperadamente y se queda clavada en el arcén, con las ruedas traseras pisando las hierbas al mismo tiempo que me acuerdo de la madre de la tortuga boba que, hace apenas unos segundos, esquivó el proyectil rojo que ahora tengo a unos pocos metros. Se me encoge el pecho desplazando el corazón al cerebro. Mi consciente se mueve al ralentí. No me da tiempo de sentir miedo, éste, espantado, entra en estado de shock, espoleando al instinto de supervivencia. Nadie detrás. Intermitente izquierdo. Me sitúo, como puedo, detrás del imbécil que ya ha decidido apretar el acelerador para hacer mutis por el foro. Intermitente derecho. Compruebo la situación por el retrovisor con intención de parar si es menester. Dos siluetas salen por su pie. Decido seguir…tengo al pelotón de domingueros detrás, y por la izquierda… todos con prisa por llegar.
¿Qué hubiese pasado si no reparo en el objeto fuera de lugar? ¿Y, si hubiese salido del lugar de origen diez minutos antes, o después?
Mi sangre fue reconquistando su lugar habitual pero aún siento un temblor en las piernas, y muchas preguntas rodando en la cabeza. Yo, que odio las despedidas a la francesa...



