10.7.09

Cambiando el escenario.




-¿Sabes dónde hay que poner la nube que están subiendo?

-Creo que han dicho...en la parte más alta...

-¿Por qué?

-¡Porque es una nube alta!.

-¿Una nube alta?

-Aquí...en las instrucciones pone...:

Cirros: Son nubes blancas, transparentes y sin sombras internas que presentan un aspecto de filamentos largos y delgados. Estos filamentos pueden presentar una distribución regular en forma de líneas paralelas, ya sean rectas o sinuosas. Ocasionalmente los filamentos tienen una forma embrollada. La apariencia general es como si el cielo hubiera sido cubierto a brochazos. Cuando los cirros invaden el cielo puede estimarse que en las próximas 24 h. habrá un cambio brusco del tiempo; con descenso de la temperatura.

-¡Ah! vale.

-¿Has guardado con cuidado la luna y la noche?

-Sí, las envolví en algodón.

-Bien...es que las van a reponer el mes que viene.



8.7.09

In memoriam.


Amigo...¡han pasado tantas lunas!
llenas
menguantes
nuevas
viajeras
estáticas
blancas
grises
anaranjadas
Todas, sin duda, bellas
pero ninguna como aquella que te atrapó,
aquella que nos contabas
mientras se reflejaba en la mirada de tus recuerdos,
a orillas del Sahara.
Aquella que convertía el desierto en un mar de plata.

Ahora pasan lentamente,
de largo,
dejando tras de sí
una estela de extraordinaria añoranza.
Porque
¿quién puede soportar perder en treinta días
dos cosas que ama?

Y
ya
van
cinco.



6.7.09

Calas para María.

Zantedeschia aethiopica

Cecilia Sophia Anna Maria Kalogeropoulou, nació en la ciudad de Nueva York el 2 de Diciembre de 1923. Era hija de una pareja de emigrantes griegos que llegaron a Estados Unidos buscando el sueño americano. En 1929, su padre George Kalogeropoulos, farmacéutico de profesión, abrió un negocio familiar en Manhattan y por la complejidad del apellido lo cambió por Callas.

Tras la separación de sus padres, María viajó a Grecia en 1937 con su madre y hermana, volviendo a adoptar su apellido original. Comenzó su formación en el Conservatorio Nacional de Atenas (para inscribirse tuvo que falsear la edad ya que no tenía los 16 años mínimos).

El debut de María Callas fue en 1941, en el Teatro Lírico Nacional de Atenas con la opereta Boccaccio. El primer éxito lo tendría en 1942 con Tosca en la Ópera de Atenas, donde pronto cantaría Fidelio, Tiefland y Cavalleria Rusticana.

Su voz en los pianos era bellísima, pero acusaba un timbre metálico que no sabía anular con técnica. En sus tiempos ella fue llamada una "soprano assoluta" o "soprano sfogato". La rápida perdida de peso en la mitad de su carrera, el cambio constante de repertorio tan variado y a la vez sus problemas personales (la relación con su madre era uno de ellos)…son citados como posibles causas del deterioro de su voz.

En uno de sus viajes a Italia conoció un acaudalado industrial de la construcción llamado Giovanni Battista Meneghini, 30 años mayor que ella, con quien se casaría (Meneghini sería decisivo en la gestión de la incipiente carrera de María).

Tras varios fracasos en Italia, México y EEUU María representaría junto con Alfredo Kraus en Lisboa una de las representaciones más aclamadas de La Traviata de Verdi. Esta función orquestada por Franco Ghione el 27 de marzo de 1958 es ahora considerada como la mejor grabación de esta ópera en el siglo XX. Este mismo año su arte llegó a distintos lugares del mundo: Chicago, Berlín, Viena, Filadelfia, Washington, Dallas (donde se presentó con la ópera Medea), Colonia, Edimburgo. También ofreció distintas funciones en el Covent Garden de Londres, de las que cabe destacar la representación de La Traviata con Cesare Valetti. Por si fuera poco María cerró este especial año con un recital en directo desde la Ópera Garnier de París que fue transmitido a más de una docena de países en Europa.

El 3 de noviembre de 1959, María Callas dejó a su marido Giovanni Meneghini por el magnate griego Aristóteles Onassis, un idilio que la prensa de la época difundió exhaustivamente. Esta tortuosa relación sentimental se convertiría en una «tragedia griega» para ella misma.

La soprano se retiró durante un breve tiempo mientras duraba su relación con Onassis, y en su regreso a nadie se le escapó que su voz había perdido fuerza y evidenciaba los primeros signos de decadencia.

En 1965, María Callas realizó su última representación de ópera con Tosca en el Covent Garden londinense.
En 1966 renuncia a la ciudadanía estadounidense y toma la nacionalidad griega. De esta manera técnicamente anula su matrimonio con Meneghini. Tenía la esperanza de que Onassis, a quien en verdad amaba, le propusiese matrimonio, pero Onassis nunca la complació bajo diversos pretextos. De hecho, 2 años después la abandonaría para casarse con otra mujer. María, herida en lo más profundo de su orgullo, nunca pudo superar el mal trance y jamás se lo perdonó.

En junio de 1969, empezó a trabajar en el film el “mito de Medea” según la visión de Pier Paolo Pasolini. Este film pasó a la historia como uno de los mejores de Pasolini, y contó con amplia difusión a nivel internacional.

Su último concierto tuvo lugar el 11 de noviembre de 1974 en Sapporo. Era el último lugar del planeta donde se escucharía cantar a María Callas.

Se instaló definitivamente en París, en la más completa soledad, hasta su muerte a los 53 años, el 16 de septiembre de 1977 en su casa. Su cuerpo fue incinerado en el cementerio parisino de Père Lachaise. Las razones de su muerte quedan poco claras: oficialmente se trató de una «crisis cardiaca», pero no se descarta que se suicidara ingiriendo una dosis masiva de tranquilizantes. Sus cenizas se esparcieron en el Mar Egeo en la primavera de 1979 .

Permanece en el recuerdo como una de las mayores cantantes del siglo XX, por su capacidad de dotar de vida a los personajes que interpretaba de forma magistral siendo muy atractiva en escena, muy magnética. Callas no fue sólo una gran soprano con dotes vocales que conmovían, sino también una gran actriz dramática que supo a través de la interpretación de los personajes contarnos una historia de un modo único. Como todo gran artista, su sensibilidad respecto a todo lo que la rodeaba le permitió transmitir la música como pocos han sabido hacerlo, pero también determinó en ella el final de su carrera y la sumergió en una gran depresión.

Sus grandes creaciones fueron los papeles principales de Norma, Medea, Carmen, La Traviata, Lucía, Tosca, Lady Macbeth, La Gioconda, Il Trovatore, La Sonnambula, Anna Bolena y Armida. No se libraba a un virtuosismo gratuito sino que trataba de hacer la música más expresiva y restituir a las partituras su verdad musical y su verosimilitud dramática utilizando cualidades y defectos de un timbre sumamente personal. Fue una de las primeras que demostró que en la Ópera se podía hacer una interpretación como en el teatro o en el cine, y utilizar el físico y el cuerpo. De los dos papeles que han marcado para siempre, Norma y La Traviata, hizo auténticas recreaciones. Y todo ello gracias a una intuición artística infalible, que se apoyó en un gran trabajo.

Más información aquí.




3.7.09

El que se mueva no sale...


La cámara es una Franke & Heidecke, Rolleicord II, de origen Alemán formato 6 por 6 cm.
Objetivo Schneider-Kreuznach Xenar f 3,5 con una longitud focal de 75 Mm.
Posee visor de cintura, data del año 1936.

¡Una sonrisa, por favor!

Han salido en la foto :

Dean Capitán Clostridium

Anda, ¡un Anónimo!

Alberto AlberT Jose Sara

Bardinda Ñoco

Huy, ¡otro Anónimo!



1.7.09

Un nuevo amanecer.

Relato V.4


(el anterior)

Entornó los ojos persiguiendo revivir intensamente aquellos momentos. Un escalofrío la recorrió por dentro y su piel respondió en señal de protesta por aquella intrusión tan repentina. Echó la cabeza ligeramente hacia atrás mientras sus dedos temblorosos se colaban haciendo surcos en el cabello, en un intento de destruir posibles interferencias en sus sensaciones.

-Pasa…pasa y no te asustes ¿eh?; es mi casa, mi oficina, mi almacén.-rió sinceramente. Mientras cambio las sábanas puedes echar un vistazo y luego ya te la presento. ¡Estás en tu casa! –profetizó.
-Pues a mí me parece un museo…me encantan las antigüedades.


Las paredes del salón estaban literalmente revestidas con azulejos antiguos, enmarcados y dispuestos con sumo gusto.

-Los colecciono desde que tenía catorce años, los compraba en el rastro…la mayoría son del XIII y IXX. –apuntó mientras se alejaba hacia la habitación. Si quieres puedes ducharte.
-No gracias, si lo hago por la noche me desvelo. Prefiero por la mañana, antes de irme.

La acompañó hasta el cuarto y casi le susurró “Que descanses. Procuraré no hacer ruido cuando me vaya”.

Extrañamente, había dormido sin rechistar. Cuando abrió los ojos, el sol le daba los buenos días dibujando sombras en las sábanas. Se desperezó todo lo larga que era mientras con la mirada buscaba a su alrededor… “¡Por dios! ¿Es que en esta casa no hay ni un despertador?. Sobre la mesilla izquierda solamente descansaba un libro “Anoche no estaba”-lo recordaba muy bien. “¡El Alquimista!”…abrió la tapa y en la primera hoja en blanco, arriba a la derecha, leyó en miniatura “Panoli”… “¿Ya habrá vuelto?…¿Tan tarde es?”…se puso lo primero que pilló y, casi de puntillas, se dirigió al salón.

-¡Buenos días!. –allí estaba él, como si no hubiesen pasado las horas. ¿Has dormido bien?
-¡Buenos días!…como un lirón. ¿No has acudido a tu cita?.
-Sí, claro. Es que he ido volando –bromeó. Para no venir demasiado pronto he pasado por Crisol y te he traído el libro.
-Muchas gracias –se sentía turbada. …creo que no has dormido –insistió. ¿Puedes decirme qué hora es?…yo tampoco uso reloj.
-Las diez y media. –dijo mirando el despertador que estaba sobre la mesa del fax, cerca del sofá.

-Me doy una ducha rápida y me voy pitando.

-En el baño tienes la toalla. Te sienta muy bien mi camisa –soltó deprisa antes de que desapareciese por el pasillo.
-Me queda un poco estrecha –le contestó con picardía.


Mientras se enjabonaba repasó mentalmente la lista de la compra, lo que haría para comer…primero recogería la niña de sus ojos…las llaves…las llaves…¡las putas llaves!…

-Bueeeno…¡estoy lista!. Me lo pasé muy bien anoche. Gracias por la cena, por el libro, por cederme tu cama.
-Yo también estuve muy a gusto. Te llamo en unos días y si te apetece quedamos para continuar con la charla.

-Sabes que tengo horarios limitados…

-Ese no es ningún problema…ya buscaremos huecos.
-....


Ana cogió el bolso y se dirigió hacia donde él se encontraba. Sin darle tiempo para levantarse, se inclinó suavemente para dejarle un beso rozándole apenas los labios, inoculando, inocentemente, el virus del deseo. Se irguió, y dando media vuelta, lanzó una sonrisa al aire, sin percatarse de que lo dejaba KO.

Imantado al sofá como un cojín, Luis contemplaba cómo aquellas piernas perfectas, que sobresalían de dos cremalleras, se encaminaban hacia la puerta que se cerraría tras de sí.


Se sintió melancólica. -“Hay que ver cómo la vida va tejiendo los destinos; te da señales que ni te imaginas, que sólo aciertas a comprender con el paso del tiempo…cuando ya es demasiado tarde”-. Pero le daba igual aquella filosofía tan madrugadora. A pesar de su prolongada, forzosa ausencia, o quizás precisamente por aquella razón, no cambiaba aquellos once años de complicidad por nada del mundo.

Amanecía en alta mar así que no tenía demasiado sentido meterse en la cama. No tenía sueño. Encendió otro cigarrillo y lo miró de frente, desafiante, antes de llevárselo a la boca -“Ahora comprendo por qué a veces siento que estoy muerta…los besos crean mil veces más adicción”…-

Se dio una ducha templada dejando que el agua resbalase desde su cabeza. Entreabrió los labios para respirar mejor y sintió como se filtraba una ola hasta su garganta.

Lo único que había conseguido era derrochar litros de agua, intentando desprenderse de aquella pegajosa tela de araña que la mantenía atada a sus recuerdos.

Banda sonora.