A veces la calle puede ser una gran celda represora de las palabras, de los gestos, de las miradas.
Apoyado en la marquesina del 81, no me quitaba el ojo de encima desde que me vió cruzar el paso de cebra. Me miraba, me retaba, me provocaba... "Hazlo" -me decía sin decir ni mu. Yo me hacía la loca, o la sueca (como prefieras) y Él venga a insistir, con esa mirada que gritaba "Llevo una semana esperándote, hazlo ya" "Esto....no....no puedo.....bueno, como poder, sí que puedo...pero....no....no debo"... -pero sucumbí ¿eh?-. Metí la mano en el bolso, desenfundé a Candela y, con toda la intención del mundo puesta en el índice, hice...clic... y lo tuve que dejar...ya había perdido un autobús ;)



